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diciembre 29, 2010

Los Techos

Me escondo tras un velo temple,                                                                                                                  sollozando las quimeras de una altanera extrovertida soledad.
Aquí los alacranes no se agitan en mis omóplatos, ni parpadean jadeantes mis uniformes figuras.
Y es que cuando los arboles cumplen su cometido contra el sol, los tatuajes del olvido, son, en su grandeza de ser, un espectáculo acariciando los ojos con su tinta elaborada en un recipiente de indiferencia.
Las ramas, que a contra luz se funden en las limitaciones exuberantes, claudicadas por susurros que hacen girar el plano de este espacio tan lejano a la última estrella en el firmamento nocturno de una noche anterior.
Es necesaria la interrupción del humo, porque de él es el aire, y estas nauseas corrompidas por el eco.                                                                                                                                                                          A mí que me hable el sol de melodía, que a estas horas mi cuerpo llora el sueño  y yo suplico que llegue la noche con su doliente abrazo, siluetas que danzan en las paredes pregonando historias al menos un poquito más entretenidas que estas manadas vampiras, aburridas y sin sabor.

Trascender contigo

No se trata de olvidar tu recuerdo, de aniquilar los pájaros de tus besos siempre viniendo a mi nido, ni de auspiciar odio para sacarte completamente de mi.                                                                                          No, no se trata de eso.                                                                                                                                      Se trata de trascender contigo, con las aves carroñeras comiéndome la boca, con el odio putifricandome el cuerpo a contratiempo, contigo dentro de mí, arañando las paredes de mis entrañas.                                                                                                                                                                 Se trata de trascender contigo, en el olvido.

La Mancha

Te he escrito una carta desde la trémula soledad,
esperando ver tus ojos a través de las olas en la cortina.
Vinieron a visitarle los gritos de unos niños flagelados,
era tu inocencia tratando de tocar mi piel de escarcha…
una semilla implantada, una enfermedad promiscua,
esta mancha en mi interior.
Unas ganas fracturadas, un naufragio que me ahogó,
que no volverá anclar en tus orillas.

En la cama un hoyuelo que absorbe, que zambulle mi instinto,
me sujeta y transforma mis ligamentos en flechas.

El techo se ha vuelto un objeto contra mí,
una herramienta sutil a distancia,
un aburrido desenlacé.

Una vieja cuerda que no sirve para nada
más que para hacer sonreír a unas cucarachas
que se anidan en mi ano, germinan vida dentro,
una mancha en mi interior.
Unas ganas fracturadas, un naufragio que me ahogó,
que no volverá anclar en tus orillas.