Te recibiré con las manos atadas,
con los pies sonoros de tanto atestiguar.
Tus ojos libres de ausencia
abrazando mi latido.
Mi boca que no deja de pensar.
Trémula, recorre el tacto de los años
¡Y he aquí!
Alternando mis zapatos
suavizo aspereza
en la distancia de tu vestido
y las llagas embalsamadas.
No importa cuántos ligues
haya realizado el destino,
o por el contrario,
tu anatomía
no era quedarse a evolucionar conmigo.
Yo te deleito, estén tus huesos,
o tu rastro taladrando en el aire.
Mi eterna azafata
¡Vamos a implorar!
que tengo de alas
dos cosas a las cuales aferrarme;
El marco de la puerta
bajo en el que estas postrada.
Y tus labios invitando a salir,
de este cuarto amanerado.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada