Allá donde la cuidad es un inmenso campo replegado de
gerberas,
la voz [miel deliciosa cabalgando el calor de la savia],
Leche fresca para las crías de hienas, que muerden el polvo
de cada rincón estructural [esta calle de aparadores sin
precios]
Allá, prestando atención al mínimo movimiento de una hoja
que balancea el frágil temporal de una anciana,
se yergue un mural impredecible,
donde los huecos forman redes recolectando sueños
ilustrativos,
donde las curvas cobran peaje a las pupilas.
Hay linces cenando viento con las aves, y el arroyo más
cercano
desborda por mis hombros claudicando las sombras.
Allá, el que no se mueve es extirpado para cederle paso a un
engranaje sensorial.
Allá, donde caben todos los tiempos, y reina la
inflexibilidad.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada