Las paredes se encogen,
habremos de pensarlo sólo una vez si
queremos saltar fuera y llorar.
Los incendios devastan el techo, migajas incineradas,
pero ya no son estrellas fugaces, son bigas afiladas dando
contra mí.
Una mancha sutil, atraviesa mi atención cuando pasa junto a
ti, mi deseo.
Es que ya nos cocinamos todos los miembros,
ahora el trozo
que quedo varado en el tenedor, comienza a mutar,
brota semillas, en ellas
crece musgo, crece hiel.
Se aferra a mis orificios que alguna vez guarde para
adornarlos de ti.
Muéstrame la salida, dime ¿Has encontrado tu lugar?
Que a estas circunstancias de la historia,
me han faltado
unas cuantas anécdotas,
es que me he olvidado hasta de mi.
La puerta gira violentamente,
como esas caras perplejas
ayudadas por los hilos a tener movimiento,
nosotros somos los hilos, de extremo
a extremo tiritamos y volvemos al sitio,
pero dando cuenta que mi
puerta tiene la misma cara por ambos lados,
nunca veo el afuera.
Ahora no sé si es la
cara opuesta, o tus ganas de tirar del hilo han cesado.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada