Hay poemas que no se escriben, sino con el
organismo esculpiendo la brasa viva de la vida. Es cuando el verso se entrelaza
en el paladar, estallando como las diminutas franjas del endulzado
[Azúcar, que brebaje en la piel, se diluye
cautivando toda herida]
Entonces nos surge una idea,
una línea que matara tus ojos,
o los encausara a la belleza perpetua de
nuestra memoria.
No escribas un poema cuando tengas ganas
de llorar, yo lo afirmo con estas llagas que me preceden.
No es poema cuando el vomito aun duele
sobre el rostro.
El dolor de nadie, no es arte.
Es la impersonal forma de confesar el
alma.

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