Adórname el
esqueleto, frunce con tu nombre la palabra.
Lienzo tu
vientre; mi lengua serpenteando la garganta.
Ancla tus
clavículas al alma, que hay
muertes que
no son.
No es,
sino
fatídicos sabores, orgasmos de sentimientos.
Y cabe decir que no quiero la carne,
quiero tus
huesos.
Adórname el
esqueleto.

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