De mis furtivos labios parte una jauría de deseos a sus
pechos,
ternura que guarda el fondo del mar secreto.
Nieve que evoca el volcán a rendirse ante su calidez blanca,
apacigua el templo de
mi vientre, lo desboca en mi naufragio
encallando en sus burbujas finas que brindaron
leche sagrada a sus
descendientes
Aquí,
ahora,
te digo y proclamo a tus ojos de todos
los felinos egipcios.-
Sólo para mí quiero el brebaje de tu ambivalencia,
tu ternura salvaje corriendo en círculos entre mis piernas.
Diamante de nieve.
Yo soy sensual,
porque tú,
me conviertes en guerra.

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