Vienen sangrando por el suelo,
los pedacitos de mi que enganche en tu interior.
Parecen haber adquirido un tono oscuro,
les abrazo con mis uñas, tal vez fui yo...
¡Si! fui yo quien les hirió.
Hace dos noches que lloro,
que la garganta me aborda las manos,
fui a calmar el dolor,
donde los cobardes se sientan
a platicar sus apresuradas acciones,
y sabrás por mis ojos,
A quien fue que me encontré...
¡Era yo!
Diez años más joven,
con la mirada atestada de futuro
y los pies mas atrás, en otro lugar,
estancados en las aguas del recuerdo.
Quise gritar a través de sus cabellos,
pero la distancia entre mi pasado y
mi tardía percepción, se a justicio.
Solo pude recoger el hilo,
estratégicamente alineado a su cuerpo,
y retire los anhelos de aquel recoveco.
Vienen silbando el adiós
las tortugas situadas debajo de mi cintura,
el conejo ya les disparo,
pero no quedan mas balas,
no, no hay balas para detener un adiós.
Les abrazo, les envuelvo
con mis agallas, les prometo una solución,
les escribo una carta de desamor,
para no oír tu voz, para seguir aquí...
¡Sin ganas de morir!
Cuéntame, ¿cuantas veces tu corazón late?
¿Como es que teniendo de frente el horror?
Vacilas y te sientas a cenar.
¿Cual es el lado bueno de los años?
¿Cuantos suspiros, te produce mi aura?
¿Como es que tirada sobre el suelo, pretendiste levantarme a mi?
Vienen agachando el alba,
vienen robándose el sol,
fueron hasta la orilla del mundo,
donde la mente dibuja mi alma,
donde mueren los insensibles,
donde yacen los locos que no creen en el amor,
si no en dos individuos, que construyen una vida mejor.
Les visto las ganas,
me acostumbro a las risas que les acompañan.
Hace una hora, que con
la llama de la cocina, mi cuerpo entro en calor.
mis llagas se ofendieron, pero fue fácil el proceso de cicatrización,
te vi llorando en la esquina junto al televisor roto,
¡Parecías convencida!...
Hace un minuto, hice sonreír
al tipo aquel, que supiste por mis ojos,
de quien se trataba,
de quien logro con palabras,
mover sus pies...
Hasta el futuro atestado de su mirada.